"El hombre es un ser social por naturaleza", así nos lo dejaba de claro Aristóteles refiriéndose a que la persona nace con la característica social y la va desarrollando a lo largo de su vida ya que necesita de otros para sobrevivir.
Si he decidido apostar por esta formación se basa principalmente en la creencia que la persona nunca llegará a desarrollarse de manera plena si no es con los otros, con su ayuda, con sus experiencias compartidas... Y qué mejor ejemplo que el que tenemos en los colegios, cada niño o niña que comparte aquello que conoce con los demás, automáticamente recibe una respuesta del resto que retroalimenta lo que ya sabe y que aumenta sus capacidades a todos los niveles, no solo al cognitivo, sino al social, al afectivo...
Numerosos estudios y experiencias educativas ponen de manifiesto que se aprende más y mejor en grupo que uno solo. Desde la psicología que demuestra que nuestras neuronas funcionan de un modo "social" al activarse en el contacto con los otros, pasando por la pedagogía que demuestra el alto porcentaje de retención cognitiva cuando se interacciona con un compañero y llegando a la sociología que pone el acento en que todo y todos (personas, empresas, ciencia...) crecen cuando se comparte y que el éxito en el futuro se basará en experiencias y conocimientos compartidos.
Es evidente que lo que más atrae a un niño y a una niña es jugar con sus amigos, ya sean del cole, de la familia, vecinos... y este hecho es el que hace que la relación con los otros pueda ser, en manos de un educador, el arma más poderosa que pueda existir para cambiar sus mundos.

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